Blog de Aldabazul

Extraordinario

Escrito por Aldabazul 19-02-2018 en Videos. Comentarios (0)

https://www.youtube.com/watch?v=mB0mXW6hHa8&index=5&list=PLsL_-fOLneuQX_Q6h1gAWZeMOYWlrif4q

Basada en el Bestseller del New York Times, EXTRAORDINARIO cuenta la inspiradora y alentadora historia de Agust Pullman. Nacido con deformaciones faciales que hasta ahora le impedían ir a una escuela primaria, Auggie se convierte en un héroe poco común cuando entra al quinto grado. Tanto su familia como sus compañeros de clases y la comunidad en general luchan por encontrar la compasión y la aceptación, el extraordinario viaje de Auggie los unirá y les probará que no puedes mezclarte cuando naciste para sobresalir.

De esta película me quedo con las expresiones:

a. Si no te gusta dónde estás...imagina dónde quieres estar.

b. Sus actos son sus monumentos.

c. Sé amable, todos tenemos nuestras batallas.


Poquita fe - Los Panchos

Escrito por Aldabazul 19-02-2018 en Videos. Comentarios (0)

https://www.youtube.com/watch?v=xNN8MOzBYvk

Esta canción me recuerda tardes de domingo, cuando no hay nada qué hacer y hasta el sol deja de calentar. Años más tarde, esta canción sería la oportunidad de escucharla en voz de un sin voz, una tarde de domingo en un bus. Y me remontó a eso...recuerdos de infancia y juventud. Se dice fácil, se escribe rápido pero es tanto lo que uno guarda en el corazón.


Siempre en mi corazón

Escrito por Aldabazul 19-02-2018 en Redacción - breve. Comentarios (0)

SIEMPRE EN MI CORAZÓN

  Javier Antonio es mi nombre. Nací hace varios años en un pueblito de músicos y campesinos llamado Acolla. Para llegar a mi casa siempre caminaba por un sendero de retamas y maíz fresco.  Acolla se encuentra en el centro del país y aun no cuenta con los elementos de la modernidad, pero se respira un aire puro y su cielo es inigualable, pues, las nubes parecen copos de algodón y el sol siempre carga de energía. El olorcito de tierra húmeda lo he llevado impregnado en mi piel y cuando cierro los ojos para evocar mi tierra querida suelo escuchar  el sonido de las hojas de los grandes árboles que, a la distancia sé que guardan mis cuitas y mis mensajes impresos por el filo de un cortaplumas, que  doña Olga, mi abuela,  me regaló en uno de mis cumpleaños.

  Fui un niño triste porque perdí a mi madre cuando aún estaba pequeño y recuerdo que su enfermedad fue muy larga, por eso mis juegos eran siempre silenciosos para que ella no se inquietara así que yo estudiaba mucho, leía y escribía sobre lo que me pasaba y por ahí deben estar esos cuentos que inventaba o los poemitas que componía. 

  La señorita Eloísa, la profesora de primaria, estuvo feliz al entregarme el diploma de Primer puesto en aprovechamiento y conducta del sexto grado y me fui canturreando por el camino llevando esa gran hoja de cartulina con mi nombre escrito pensando en la alegría que mi madre tendría ese día….Mas todo se tornó en tristeza, porque cuando me iba acercando a la casa, vi el camioncito oscuro del médico del pueblo, en mi corazón sentí un dolor y la certeza de que nada bueno estaba pasando.

  Corrí tan rápido como pude y sentía que cada latido de mi corazón se podía escuchar fuertemente.  Mi padre me recibió en la puerta y no me dejó ir al encuentro de mi madre,  yo quería saber,  qué pasaba, qué ocurría.

  Javierucha, hijo, ven, -decía mi padre- y me abrió los brazos. Tu mamá nos ha dejado, ya no sufre más, -y al decir estas palabras sentía su ahogo, su pena y su rabia-. Yo en cambio, golpeé su pecho, forcejeé con él, en un abrazo largo e impensable que me daba y mis manos de niño no comprendían cómo expresar lo que se rompía por dentro.  No sé cómo fue pero logré zafarme y corrí por el campo, me fui tan lejos como pude, las lágrimas iban y venían, mis sollozos y el abrazo que le di a ese gran árbol que encontré muy lejos de casa no llegaron a tranquilizarme.

  Al regresar a casa, lo hice con paso cansado y ya nada tenía color ni aroma, mi madre; mi querida madre ya no me sonreiría al regresar a casa, ya no estaría ahí con sus manos cálidas y gorditas para apretarme contra su pecho, yo ya no olería ese dulce de camote a las cuatro de la tarde, que ella hacía como anticipo de la cena familiar.  En fin, se agolpaban tantos recuerdos de lo qué era tener a mamá en casa que es largo de contar.

  Estaba oscureciendo cuando me interné por el pasadizo y subí lentamente los escalones hacia la habitación donde reposaba el cuerpo inerte de mi madre, por un pedido que todos conocíamos tenía puesto el hábito de los dominicos y su rosario de cuentas grandes tendría que estar entre sus manos.  Empuje la puerta de madera y ahí estaba, echada en la cama, su cabeza reposaba sobre unos grandes almohadones bordados por ella, lista para que me despidiera.  Me acerqué, no sabía qué hacer, si llorar, si abrazarla, si quedarme quieto. Su rostro era el mismo, ese que yo quería juntito a mis mejillas, siempre, mas ya no podría ser así. ¿Mamita, por qué? ¿Por qué no luchaste más? Sentía que una gran cantidad de lágrimas salían sin control y sé que a ella no le gustaría.  Siempre me decía que era el niño de sus sueños y que por nada llorara, ya que con mis lágrimas se desbordaría la laguna de Paca que conocimos en un paseo dominical.  Me eché a su lado por un momento tratando de hacerle sentir cuanta falta me haría. 

  Papá me esperaba en el patio para pedirme que  yo fuese  fuerte y que acompañe a mi hermanita que aún no entendía nada.  Al tomarme de los hombros con sus recias manos y mirarme de frente sentí su energía, él perdía  a su “amorcito”, a la que le había dedicado tantos valses y mulizas, con quien había bailado como si fueran "uno" en los cumpleaños y los días de Santiago, con los amigos y compadres por las calles del pueblo. Perdía a la madre de sus hijos, a la compañera de tantas alegrías y tristezas     Así que fui a ver a Mavel, que estaba en su cuarto, callada y llorosa, le dije: -no te preocupes hermanita, mamá hoy se ha convertido en una estrella y desde el cielo nos seguirá viendo-. 

  Ella, se echó a llorar y ya no supe qué decir.  Ella también extrañaría a quien con sencillez y mucho cuidado le enseñaba a dar pasos en la vida.  Con mamá, Mavel aprendió a jugar, ya casi sabía bordar, pues cuando daban las tres de la tarde, las dos se sentaban a esperar a papá en los escalones de entrada de la casa, cada quien con su trabajo de bordado.

  Hoy de ese triste recuerdo solo quedan algunos momentos en mi memoria. Mi padre se volvió a casar, mi hermana siguió adelante, la cuidé mucho. Es profesional; sigue bordando y lo hace bien, además también está enseñando a su hija como recuerdo de lo que ella aprendió de nuestra mamá. 

  Estoy tomando una taza de café recién pasado y este recuerdo salió del fondo de mi corazón porque la más pequeña de mis hijas, Maribetty, me preguntó:

-¿Por qué no tengo abuelita como mis amiguitas, Papi?


Anclado

Escrito por Aldabazul 17-02-2018 en Videos. Comentarios (0)

https://www.youtube.com/watch?v=xQH--EKGr-A 


Océanos

Escrito por Aldabazul 17-02-2018 en Videos. Comentarios (0)

https://www.youtube.com/watch?v=rbHIRvfNxBA&list=RDMMfiDaminfdsg&index=4